El artículo evalúa la propuesta de tercera directiva de servicios de pago (PSD3) y el reglamento de servicios de pago (PSR), cuyo objetivo no es revolucionar la banca abierta sino corregir las deficiencias de la PSD2. El autor identifica los problemas del marco vigente —implementación desigual, interfaces de acceso de baja calidad, fricción en la experiencia del usuario y escasa confianza— y repasa los cambios previstos: la obligación de ofrecer una interfaz dedicada única, el acceso continuo a los datos de cuenta para los AISP en lugar del límite de cuatro consultas cada 24 horas, y el traspaso de la autenticación reforzada del cliente a los propios AISP salvo en el primer acceso. Describe además la mejora de la información sobre pagos para los PISP, la introducción de paneles de consentimiento centralizados y las funcionalidades mínimas de las API, incluida la exclusión de SCA para pagos recurrentes solicitados por el beneficiario.
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