El texto sostiene que los estudios clínicos son la herramienta que permite que los avances científicos en oncología lleguen a los pacientes de forma efectiva y segura. El autor enumera sus beneficios: acceso a tratamientos innovadores para quienes agotaron otras opciones, formación anticipada de los equipos médicos y posicionamiento de los centros que los desarrollan. También advierte sobre los desafíos pendientes, en particular la concientización de pacientes y sociedad y la necesidad de infraestructura y equipos multidisciplinarios capacitados.
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